A 44 años del golpe, nuestro deber es hacer la revolución socialista.

A 44 años del golpe, nuestro deber es hacer la revolución socialista.

“Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “tal como verdaderamente fue”. Significa apoderarse de un recuerdo tal como éste relumbra en un instante de peligro. De lo que se trata para el materialismo histórico es de atrapar una imagen del pasado tal como ésta se le enfoca de repente al sujeto histórico en el instante del peligro. E1 peligro amenaza tanto a la permanencia de la tradición como a los receptores de la misma. Para ambos es uno y el mismo: el peligro de entregarse como instrumentos de la clase dominante. En cada época es preciso hacer nuevamente el intento de arrancar la tradición de manos del conformismo, que está siempre a punto de someterla. Pues el Mesías no sólo viene como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo. Encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer.”

Walter Benjamin

Este 11 de septiembre se cumplen 44 años del golpe militar contra el gobierno del presidente Salvador Allende. Es cada vez más importante, reflexionar sobre el sentido político de este acontecimiento, así como hacerse cargo de las diferentes posiciones políticas que se presentaron en el proceso de la así llamada Unidad Popular.

Es preciso señalar, a riesgos de transitar a contracorriente, las debilidades estratégicas y programáticas que presentaba el gobierno de la Unidad Popular, como expresión de una alianza política entre sectores del reformismo pequeño burgués (PS, MAPU, etc.) y el reformismo obrero (PC). Estas polémicas nos parecen necesarias, puesto que no pocos de los planteamientos tácticos del reformismo en aquella época se siguen repitiendo en la actualidad, con matices, algunos cambios, pero con un mismo espíritu, a saber, la falta de confianza en las fuerzas organizadas del pueblo trabajador para la constitución de su propio poder político, que sea antagónico y contrapuesto al poder de la clase dominante.

El triunfo de la Unidad Popular se desarrolla sobre la base de una aguda crisis del sistema de dominación, caracterizada por una pugna al interior de la clase dominante (inter-burguesa), a saber, un conflicto suscitado en torno a los ejes de acumulación del capital, así como por el asenso de diversas formas de organización y movilización de las capas explotadas y oprimidas en el campo y la ciudad. Por supuesto, existen otros elementos que explican el fenómeno de la Unidad Popular, no nos interesa detenernos con mayor profundidad en ellos, sino tan solo pensar algunos elementos y, fundamentalmente, las debilidades del gobierno de Salvador Allende.

El gobierno de la UP, liderado a nuestro juicio por el Partido Comunista, se sustenta en la tesis de ‘democracia avanzada’, según la cual el objetivo de las capas obreras y populares consistiría en la búsqueda de modificaciones al sistema de dominación, que permitieran una participación más favorable de ellas en el mismo sistema. Se trata, entonces, siguiendo a Ruy Mauro Marini, de “un proceso de mayor democratización del Estado, respaldado por reformas socioeconómicas que garantizaran a las fuerzas populares una gravitación más significativa en el centro de poder.” De esta manera, el objetivo estratégico de la Unidad Popular, en ningún caso  era el derrocamiento del sistema de dominación, sino tan solo su modificación parcial, que permitiera posiciones más favorables para los sectores explotados y oprimidos.

Esta cuestión, por supuesto, se va a expresar en una política de alianzas – de larga tradición estalinista – que podríamos enmarcar perfectamente en la visión de los así llamados ‘frentes populares’, como una alianza entre el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la ‘burguesía nacional’, con el objeto de permitir un ‘mayor desarrollo’ del capitalismo criollo. Es decir, no tiene fijada una prioridad programática en la realización de la revolución socialista, pues para esta visión de los hechos, el socialismo vendría en una ‘etapa’ posterior. Por supuesto, esto tuvo su expresión en los pilares programáticos de la Unidad Popular en la constitución de las famosas tres áreas de la propiedad: estatal, mixta y privada.

Para nosotros, en este punto reside el gran error de la UP, pues es sobre la base de esta concepción política que, de manera terca e insistente, la coalición del presidente Salvador Allende intentará durante todo el proceso consolidar una alianza con la Democracia Cristiana, que concentraba para sí la influencia sobre las capas medias y sectores de la burguesía nacional. De ahí, la permanente oposición del Partido Comunista a entablar diálogos y establecer acuerdos con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Estas concepciones programáticas y estratégicas tenían mayores debilidades aún, en efecto, los partidos políticos que componían la Unidad Popular tenían una larga tradición parlamentaria que les hacía ver en el Estado una fuerza neutral en el desarrollo de la lucha de clases, a saber, de sus fuerzas armadas y de seguridad. Para Allende, las fuerzas represivas de la clase dominante “respetarían la Constitución”…

Del mismo modo, esta visión programático-estratégica tenía sus consecuencias tácticas en cuanto a la relación del gobierno con la movilización de masas. Para el PC, toda movilización de masas debía realizarse para apoyar la estabilidad del gobierno, lo cual, por supuesto, mermaba la radicalidad del mismo y la oposición de sectores del gobierno cuando la movilización rebasaba los objetivos programáticos de la Unidad Popular, ya sea, sobre la base de las tomas de fundo, fábricas y otras medidas de mayor radicalidad. A tal punto llevaban estas concepciones erróneas, que incluso, con el respaldo de sectores de la Unidad Popular, se promulgó la llamada ‘ley de control de armas’, una verdadera y auténtica legislación para desarmar al pueblo trabajador, la cual mermaba toda posibilidad de constitución de un poder revolucionario independiente y antagónico al poder burgués. Por supuesto, aquí hubo otro punto de confrontación y diferencias con el MIR.

Es en este contexto, que la clase dominante, apoyada en sectores del Partido Nacional y de la Democracia Cristiana, va a iniciar su contraofensiva contra el gobierno de la Unidad Popular y la izquierda revolucionaria encabezada por el MIR, y que tendrá su consolidación el 11 de septiembre de 1973. Así, las fuerzas armadas, lideradas por Augusto Pinochet, demostraron no servir a la patria sino a la burguesía y sus intereses de clase.

Con el Golpe de Estado se da inicio, para los sectores revolucionarios, al periodo de la Resistencia Popular, encabezado por el MIR en un primer momento, y con la incorporación luego, del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Muchos fueron los actos de heroísmo de ambas organizaciones, así como la audacia para enfrentar a un enemigo mejor armado, pero con menores convicciones. Pero también en este punto había diferencias, mientras que el MIR iniciaba la resistencia armada en una estrategia más global de guerra popular revolucionaria y prolongada con el objeto de consolidar una revolución socialista en Chile, el FPMR, era el brazo militar del PCCh, con el cual los objetivos de esta organización también eran diversos, a saber, restaurar la condiciones de ‘democracia burguesa’ existentes antes del golpe. Por supuesto, habrá un sector revolucionario más tarde, al interior del FPMR, liderado por Raúl Pellegrin, que intentará profundizar una política revolucionaria que terminará en una ruptura con el PC y la constitución del FPMR-Autónomo y la estrategia de Guerra Patriótica Nacional.

Entre los años 1973-1990, el pueblo trabajador demostró no decaer en sus niveles de conciencia y su capacidad para organizar combates frente a la peor adversidad. Desde intentos guerrilleros fallidos, hasta las triunfantes jornadas de protesta popular nos demuestran la capacidad combativa de los sectores explotados y oprimidos. Experiencias que decayeron abruptamente con el mayor engaño de la historia de Chile, el plebiscito y el triunfo del ‘no’, el cual creó la ilusión generalizada de que la dictadura había sido derrotada, y no solo eso, sino que de manera totalmente pacífica. Sin embargo, la Concertación de partidos por la Democracia, había pactado con la dictadura, realizando amplias concesiones a Pinochet – que nunca pudo ser juzgado –, al tiempo que asumía las funciones de represión a las organizaciones revolucionarias a través de la Oficina de Seguridad Nacional. El pacto, sobre la base de la constitución pinochetista, sigue vigente hasta el día de hoy.

Por otra parte, en la actualidad, la clase dominante atraviesa una profunda crisis política, la cual se expresa como crisis de participación de las masas en el régimen democrático burgués, como crisis del bloque de partidos en el poder, como crisis de las instituciones políticas, en efecto, diversos agentes del sistema de dominación han develado su complicidad con los grandes monopolios capitalistas, así como formas descaradas de robar a todo el pueblo trabajador mediante triquiñuelas propias de la mafia, nos referimos a Carabineros de Chile, entre otras entidades de mayor o menor decadencia.

En este escenario, decimos que el Frente Amplio no es una alternativa, sino una forma de oxigenar el sistema de dominación, pues las organizaciones que componen dicha coalición, no tienen por objeto profundizar la crisis de los ricos y poderosos, sino que más bien se limitan a presentarse como ‘administradores’ del régimen burgués, mejorando las condiciones de los explotados y oprimidos, pero siempre dentro del marco del poder burgués y de sus instituciones. Para nosotros, de lo que se trata, es de elevar los niveles de conciencia de los sectores explotados y oprimidos, develar nítidamente el carácter de clase de las instituciones burguesas y la necesidad de la revolución socialista, la cual será posible, únicamente, desarrollando una fuerza combativa de masas, una fuerza social revolucionaria que, al calor de los combates, con plena conciencia de su enemigo de clase, de las formas de lucha y la necesidad de su propia emancipación, desarrolle un poder revolucionario, independiente y antagónico al poder burgués.

Hoy, más que nunca, frente a las alternativas del reformismo, es preciso plantear de manera contundente y seria la unidad de los revolucionarios, sobre la base de una táctica que tenga por objeto profundizar la crisis política, a través del impulso prioritario de la movilización radical de masas, sobrepasando las posibilidades – ¡las mezquinas posibilidades! – que entrega la ‘táctica electoral’. A 44 años del golpe, para la Juventud Revolucionaria Ernesto Guevara la misión es clara, nuestro deber es hacer la revolución socialista.

¡¡CON EL EJEMPLO DE MIGUEL ENRÍQUEZ!!

¡¡LUCHAMOS POR LA REVOLUCIÓN LATINOAMERICANA!!

¡¡NI PERDON NI OLVIDO!!

¡¡LA MEMORIA SE DESARROLLA EN LOS COMBATES!!

 

Juventud Revolucionaria Ernesto Guevara,

septiembre, 2017.

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