Hacia la continentalidad de nuestra organización

Hacia la continentalidad de nuestra organización

            Tras ciertas discusiones al interior de nuestra organización, nos interesa aclarar de un modo público un punto central de nuestra definición estratégica y que tiene que ver con la continentalidad y la revolución latinoamericana y, que en este punto, nos diferencia de toda la izquierda latinoamericana, incluso de aquellas vertientes que tienen un trabajo fuertemente internacionalista. Actualmente y a solo un par de meses de su fundación en Chile, la Juventud Revolucionaria Ernesto Guevara ha asumido la urgencia de transformarse en una organización continental, trabajando en la perspectiva de construir una dirección continental de la revolución en América Latina, distanciándose de la creación de ‘coordinadoras guevaristas’ o procesos de convergencia internacional que se sustentan en última instancia, a pesar de su radicalidad, en la idea de ‘nación’, artificialmente creada por la burguesía. Las razones de tal definición estratégica, las aclaramos a continuación.

El carácter reformista de una política circunscrita al Estado-nación

            La estructura que llamamos ‘Estado-nación’ consiste en la limitación territorial de fronteras y en la construcción de una nación artificial a partir de la institucionalidad del Estado, tal estructura se crea a la par del proceso internacional de valorización del valor y es completamente coherente con la mantención y resguardo del proceso de acumulación capitalista. Así, el Estado-nación, no es concebido únicamente como un conjunto de reglamentos institucionales, sino ante todo, como territorio controlado política y militarmente.

            A su vez, el reformismo, es una expresión política al interior de los movimientos de explotados y oprimidos, pero que renuncia a la independencia política con respecto a las clases dominantes, en otras palabras, todo reformismo se caracteriza por algún nivel de subordinación a la burguesía, a saber, a nivel institucional, ideológico, cultural y, nosotros agregamos, la dimensión territorial. Así, toda política circunscrita a un ‘territorio nacional determinado’ tiene inevitablemente un carácter reformista, de ahí la necesidad de plantear una estrategia y una táctica que se orienta en la perspectiva de sobrepasar los límites del Estado-nación, creando las bases para la unidad de todo el continente, en la perspectiva de la construcción de una sociedad socialista.

            Así, el objetivo de esta definición estratégica y, que pronto tomará un carácter táctico más concreto, orienta hacia una definición más profunda, a saber, el carácter de la organización. En este sentido, la izquierda latinoamericana ha ‘naturalizado’ las fronteras del Estado-nación, en otras palabras, ha naturalizado algo que no tiene nada de natural y, por ello, ha construido sus organizaciones a las sombras y como vagón de cola de la estructura que sostiene institucionalmente el poder burgués, esto es, el Estado-nación. Lo que sostenemos, es que la política revolucionaria no puede aceptar los límites establecidos por las clases dominantes, en tal sentido, debe modificar la comprensión de la política, de la acción revolucionaria y su relación con la territorialidad.

            De esta manera, para el desarrollo de nuestra estrategia revolucionaria continental, no basta con un discurso abstracto de lucha por la ‘revolución latinoamericana’, es preciso forjar una organización que sea ella misma continental, orientada a partir de una dirección continental de la revolución. Es decir, una organización cuya política tenga a la mira, nada más y nada menos que, todo el continente. Esto no quiere decir que no reconozcamos diferencias culturales en los pueblos latinoamericanos, lo que decimos, es que a pesar de esas diferencias que forman parte de la riqueza de nuestro continente, es posible crear una organización cuyo proyecto sea la unidad de todo el continente, sobre la base de la revolución socialista.

El carácter inviable de la revolución socialista en un solo país

            En un mismo sentido, consideramos inviable a nivel estratégico los procesos de construcción del ‘socialismo’ en un solo país. La razón de ello estriba en varios elementos, tanto políticos como económicos. Hemos visto, a lo largo de experiencias políticas revolucionarias en América Latina, la facilidad que posee el imperialismo para aislar política y económicamente a los países que deciden presentar propuestas antagónicas a él y, creemos que la continentalidad es una forma de responder a esa correlación de fuerzas favorables al imperialismo.

            Así, sostenemos que América Latina posee todas las condiciones para impulsar un proceso revolucionario de características socialistas a nivel de su propia potencialidad económica, tanto desde el punto de vista de la gran masa de fuerza de trabajo existente, así como por las diversas materias primas existentes en la región y por el desarrollo incipiente de industria y tecnologías de avanzada, por ejemplo, en países como Brasil. Nuestra región es rica en gas natural, petróleo, minerales diversos, diversidad climática, múltiples posibilidades agrícolas y ganaderas, control de dos océanos, en fin, una variedad de elementos que permitirían que América Latina, construyendo el socialismo, sea completamente soberana, es decir, completamente independiente de cualquier otro país del mundo. En este sentido, la ‘dependencia’ anunciada por los teóricos marxistas latinoamericanos, encuentra su solución radical, en la revolución latinoamericana, en el carácter continental de la lucha de los pueblos latinoamericanos. El imperialista yanqui tiene cierta facilidad para contener un proceso estrictamente nacional, pero ciertamente están conscientes de que todo un continente alzado y dotado de contundentes ideas revolucionarias, se transforma en un problema real para su control de la región.

            Entonces, esta es otra razón para construir una organización que tenga un carácter continental. La unidad latinoamericana no es puramente discursiva, es praxis auténtica y un requerimiento del aprendizaje que se ha forjado al calor de la propia práctica revolucionaria.

El predominio del materialismo vulgar, el impulso de la filosofía de la praxis

Por otra parte, hemos constatado la perniciosa influencia que ejerció la Unión Soviética  en la construcción de las organizaciones del continente. Esto se expresa, en que la mayoría de la izquierda latinoamericana adscribe acríticamente a un materialismo completamente vulgar, mecánico y economicista, así como la aceptación del ‘marxismo-leninismo’ sin saber nada acerca de lo que aceptan cuando aceptan ser rígida y dogmáticamente ‘marxistas-leninistas’. Así, desde los partidos comunistas tradicionales, pasando por las organizaciones trotskistas, maoístas, estalinismos de todo tipo, vertientes nacidas al calor de la revolución cubana incluso, aceptan el axioma de auto-definirse como ‘marxistas-leninistas’. El ‘marxismo-leninismo’, no es un más que invento soviético y que prácticamente no posee relaciones con el pensamiento de Karl Marx y, solo de un modo unilateral, con el pensamiento de Lenin. Observamos, como hemos explicado en otros documentos, que el ‘marxismo-leninismo’ es la ‘ideología’ de la derrota revolucionaria, así como una concepción deformada del marxismo que ha fomentado el dogmatismo, el mecanicismo y el economicismo en las filas revolucionarias.

Desde nuestra organización, consideramos que es preciso volver a estudiar y difundir el pensamiento de Marx, a partir de sus ideas originales. En este sentido, la referencia a Ernesto Guevara no es casual, pues el Che comenzó, aunque no concluyó, la crítica al marxismo de la URSS, desde el punto de vista de las concepciones filosóficas, económico-políticas, teoría de la transición socialista y, fundamentalmente, en torno a la radicalidad de la lucha revolucionaria y la construcción del hombre y la mujer nueva. Aclaramos el punto de que el Che ‘no concluyó’ la crítica al marxismo soviético ni pudo visualizar completamente las consecuencias que éste tendría, pero inicia un movimiento crítico-práctico que hoy hemos tomados y profundizado, radicalizando la propia critica iniciada por el Che, de ahí que para nosotros el guevarismo sea una expresión latinoamericana de la filosofía de la praxis. Es decir, una concepción de mundo completamente opuesta al materialismo vulgar de la URSS, un concepción de mundo que tiene por objeto que el ser humano pueda realizar, a través de la praxis, la apropiación de su ser, de ahí que el guevarismo no se plantee la lucha únicamente contra la miseria, sino también contra la alienación. El Che, por supuesto, no concluyó toda la crítica posible a la URSS, de ahí que también en el propio Che encontremos resabios e influencias del viejo ‘marxismo-leninismo’, por supuesto, el guevarismo puede y debe ser crítico de sus propios referentes, que van desde Marx, pasando por pensadores como Lukács o Mariátegui, hasta el propio Che.

Esta es otra de las razones, entonces, por las cuales es preciso que nuestra organización adquiera un carácter continental, a saber, la difusión de otra interpretación posible de las ideas de Marx, mucho más crítica, profundamente anti-dogmática y rica en contenido que, lamentablemente, observamos que escasea en la izquierda latinoamericana. De hecho, actualmente, asistimos a una forma de reformismo que consiste en el desprecio de la ‘teoría revolucionaria’ y los problemas ‘teóricos’ de la revolución. Es preciso que la izquierda revolucionaria, tomando el ejemplo de Marx, tome en serio el rol que juega el pensamiento crítico en la orientación de la práctica revolucionaria. Así, finalmente, la filosofía de la praxis, el pensamiento de Marx y del Che, deben invadir el continente y demostrar su superioridad frente a las ideas burguesas. La batalla en el continente no es solo una cuestión económica y política, es también y centralmente, una batalla de las ideas.

Avances en la continentalidad de nuestra organización

            Entonces, hoy por hoy, resulta necesario aclarar en qué perspectiva avanzaremos y comenzar el desarrollo de las primeras orientaciones tácticas para transformar el carácter continental en una realidad viva y palpable.

            Nuestra organización nace en Chile a mediados del año 2017, a partir de ahí hemos comenzado la formación de cuadros revolucionarios integrales en la perspectiva de orientarlos a diversas partes del continente, enfocados principalmente en el cono sur latinoamericano. De esta manera, una de las tareas dentro de estos próximos cinco o diez años será, la construcción de núcleos guevaristas de la JREG en Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia. En el mismo sentido, procuraremos consolidar la organización en Chile, mejorando nuestra inserción en las principales ciudades del país. De la misma manera, nos sentimos muy contentos de poder dar, dentro de las próximas semanas, un primer avance hacia la continentalidad, a saber, la construcción de un primer núcleo guevarista de nuestra organización en México, la cual crea, así, la conexión precisa entre el extremo norte de nuestro continente y el extremo sur que representa Chile, estamos seguros que es un pequeño paso, pero contundente en la perspectiva de forjar una organización revolucionaria de carácter continental.

            Llamamos a la juventud revolucionaria del continente latinoamericano a unirse a las filas de la Juventud Revolucionaria Ernesto Guevara, iniciemos con radicalidad, compromiso y convicción, el proceso de construcción socialista en América Latina. Nuestra lucha guevarista no tiene fronteras, formemos una sola gran organización. Preparemos los futuros combates con el ejemplo de Sandino, Zapata y el Che, preparemos las condiciones para vencer.

¡Por la revolución latinoamericana!

¡Avancemos hacia la continentalidad de la organización revolucionaria!

Juventud Revolucionaria Ernesto Guevara, 2018.

 

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